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DUELO AL SOL

 

 

 

 

 

 

 

Esta película se hizo por amor, por amor al cine. Pocos productores, como David O. Selznick han amado tanto el embrujo que la gran pantalla teje alrededor de una persona. Que pensara en la mujer que entonces buscaba afanoso para el papel protagonista es simplemente un hecho circunstancial, de hecho fueron las múltiples coyunturas o casualidades que se dieron en 1945 las que propiciaron que hoy podamos disfrutar de esta producción. Aunque no consiguió su propósito, superar a la grandiosa Lo que el viento se llevó, si que se alzó con la victoria en el campo del marketing del preestreno y en el de la recaudación, sin embargo algunos críticos, los de siempre, no estuvieron a la altura. Pero con la perspectiva de los años, hoy podemos decir que Duelo al sol es un western de enorme calidad técnica, de interpretaciones secundarias que en muchas ocasiones eclipsaron a las de la pareja Jones-Peck y sobre todo, de toda una historia riquísima que le confiere un aroma de rareza cinematográfica. Véanse el elenco de directores que filmaron en mayor o menor medida la cinta, la peculiar lista de actores secundarios de lujo que dan calidad interpretativa al film y como no, Selznick, un hombre obsesionado con el cine, con el buen cine, embriagado por los detalles que hacen de una película algo más que un entretenimiento, esos son los motivos que elevan el cine como el séptimo arte. Vale la pena visionar Duelo al sol por muchos motivos, Peck en el papel de villano sin escrúpulos, una Jones que a medida que transcurre la película gana en belleza, unos paisajes simplemente conmovedores y reales, sin trampa ni cartón, un Vidor sublime... No obstante el principal motivo por el que deben verla es porque es cine en estado puro, cine con mayúsculas.

Una obra maestra, como resultado de la maestría con que Vidor trató una historia hasta cierto punto arquetípica...el duelo fraticida por el amor de una mestiza entre dos personajes opuestos, de resonancias bíblicas, Caín y Abel o la vuelta del hijo pródigo, Vidor lleva la historia más que como un western como un melodrama puro y duro, al que dota de una intensidad sensual y un inequívoco erotismo que desemboca directamente en una de las mejores películas sobre el amor en su vertiente de tragedia que haya dado Hollywood. "Duelo al sol" posee una atmósfera muy particular, y Jennifer Jones resulta de un arrebatador e insólito erotismo, indisimulado y atinadísimo. Con un espectacular reparto espléndidamente dirigido, "Duelo al sol" se resume como western, como tragedia, como melodrama, en sus prodigiosos, antológicos y maravillosos últimos cinco minutos... Un final directamente insuperable, concepción sublime de una relación amor/odio. Película indispensable.

 

 

El duelo entre los dos amantes a tiro limpio entre las rocas, el asesinato recíproco que cada uno de ellos hace de su amor, el último aliento concebido en un beso eterno que mata al malvado Peck y ahoga a la bella Jones, tan solo herida, que quiere tanto como odia a Peck, al que dispara como Mr. Hyde y luego besa, otorgándole oxígeno, como Dr. Jekyll. Mucho antes Jennifer, la prima exótica, asiste al folletín de infortunios del linaje texano y feudal sobre tierras a las que bautizan como “Nueva España” y de las que tanto Peck como Cotten, los herederos, les separa, antes de que lleguen los “registradores de la propiedad”. Huelga decir que el señor registrador de la propiedad es amigo del terrateniente y que además, comprende y le duelen, las desdichas del patriarca. Por enésima vez, estamos en la tierra más endiablada del mundo: Texas. Penas y disgustos de los hijos: uno es político y por eso traidor, le llaman Judas: Cotten. El otro es el forajido y el guapo. Para más enjundia y desgracia: eso de que se meta la mestiza en casa, es intolerable y más aún que tu señora esposa, aún muriéndose y con la mayor pinta de beata que ha dado el western haya sido de armas tomar...de alguna manera, rizando el rizo..., ella es la culpable de que él esté postrado en silla de ruedas. No voy a obviar la realidad, la película, es para lucimiento de Jennifer Jones. Le da aire moruno, le sueltan la melena y a mí, me recuerda tantísimo a las mujeres de la España de la posguerra, que me es difícil hacerme a la idea de que en realidad es mitad cherokee.

 

Las cherokees no bailan flamenco, danza del vientre y siete velos, todo a la vez. Es imposible. Eso sí, la negra tonta sigue siendo, más tonta todavía, la subordinada de la nana de Escarlata O’hara y el padre, inflexible, más duro que el Peñón, el mismo que hemos visto mil y una veces en demasiadas historias de Hollywood. La película vale por lo que vale el plano final. Y ¡maldita sea! el plano final es inolvidable. Desde el momento que Perla va caminando hacia su habitación con la lamparilla en la mano pasando por delante de los dos hermanos, ya se olfatea la tensión sexual e intuimos la actitud de ambos hacia ella. Aún sorprende tanta sensualidad en un título de los años 40, pero a David O. Selznick le gustaban las situaciones al límite. Jennifer Jones muestra emociones fuertes, pero es fotografiada con maestría haciendo resaltar el blanco de sus ojos y dientes sobre su tez morena y lo que sí logra ésta es dar cuerpo a una criatura salvaje e inexperta que se convierte en centro de disputas y se debate entre la seguridad y la pasión. Joseph Cotten y Gregory Peck hacen acertadamente la encarnación del bien y el mal como reflejo de la personalidad del autoritario y visceral padre, Lionel Barrymore que estaba realmente en silla de ruedas desde hacía años y también aparece Lillian Gish, una superviviente que empezó con Griffith décadas atrás y siguió dejándose ver en más películas otras tantas décadas después. Como en Lo que el viento se llevó, la personalidad de Selznick es la que manda y parece que hubo otros directores que intervinieron, pero quien firma es King Vidor, gran cineasta, versátil y eficaz, que lleva la historia con seguridad y buen ritmo obsequiándonos con espléndidas panorámicas, bellos primeros planos y majestuosos planos generales, una encendida fotografía en color plena de rojos... es magnífica.

 

 

 

 

Duelo al sol nació de una doble obsesión de David O. Selznick: encumbrar a la actriz Jennifer Jones, mito erótico de la época y futura esposa del magnate (el productor se divorciaría de su entonces esposa, Irene Mayer, durante la filmación) y superar la magnitud de la épica Lo que el viento se llevó, algo que no lograría, a pesar de haber creado uno de los westerns más atípicos y controvertidos de la historia. Para ello, el polémico productor no escatimó, una vez más, en gastos, llegando a filmar 460.000 metros de película (el equivalente al necesario para la elaboración de 200 filmes). Esta vez, el proyecto de adaptar la novela de Niven Busch publicada en 1944, no fue idea de Selznick, sino que le cayó de rebote tras negarse él mismo a ceder a la actriz a la RKO para el proyecto que escribiría y produciría el mismo Busch. Selznick adució la poca importancia de proyecto y la, en su opinión poca adecuación de John Wayne para el mismo, como razones que entorpecerían la trayectoria de su actriz hacia el estrellato. Tras fallarle a la RKO otras candidatas previamente por diferentes motivos, y ahora, ante la negativa de Selznick de cederle a Jones, la productora perdió interés en el proyecto y canceló el proyecto, hecho que aprovechó Selznick para comprar los derechos de la novela y de los guiones de Busch y H.P. Garrett. Selznick cuidó cada detalle de la producción con técnicos que supervisaban hasta el más pequeño detalle para que los decorados fuesen lo más fieles posible a la época de finales del siglo XIX en que tiene lugar la historia. Aunque donde fue más exigente el productor fue en el vestuario de Jones. Sus vestidos no fueron elegidos hasta que no obtenían su visto bueno, quien también era muy meticuloso con los maquillajes y peinados de la actriz, con quien estaba obsesionado. A Selznick le motivaba que el género del western estaba de moda, además de la idea de ver a su musa Jones encarnando a la sensual, voluptuosa y salvaje Perla Chávez, una mestiza que pondrá en jaque la vida del rancho de los McCanles, en la Texas de los 1880... En palabras del productor:

-“Al ver lo rentables que podían ser los westerns, decidí que si consiguiera hacer uno que tuviera más espectáculo que cualquier otro y combinarlo con una violenta historia de amor, los dos elementos me permitirían obtener un gran éxito”.-

 

Duelo al sol forma parte de esos contados títulos imprescindibles y dirigiendo a Jennifer Jones, es de suponer que con Selznik encima poco podía hacer Vidor para contener a la que por entonces era la chica del productor. La escena de la muerte de Laura Belle con la cámara mostrando la mecedora en el exterior movida violentamente por el viento mientras la lluvia cae sin cesar... es antológica. La pasión desenfrenada cobra forma pocas veces en el cine: en Duelo al Sol cada uno de los elementos que la componen está dotado de fuerza, de energía intensamente romántica y clásica. Este filme sólo podría ser ejecutado por King Vidor, artesano de los sentimientos y artista inigualable. La escena inicial, la que describe los sucesos relativos al padre de Perla Chávez  ya por sí misma tiene mayor sabiduría fílmica que numerosas películas famosas. Pero el film continúa en su recital de maestría en el que se encuentran comprendidas historias de amor fatal pero también de amor platónico, de dignidad, de egoísmo, de amistad, de violencia..Es un gran cuadro, un lienzo pintado sabiamente que se desarrolla en movimiento resultando una de las mejores películas de la historia: Perla Chávez, Lewton y la banda sonora memorable de Dimitri Tiomkin quedarán grabados en el alma de todo aquel que se adentre en el rancho de Nueva España: Naturaleza y arte se cruzan en este prodigio.

 

La rivalidad de dos hermanos por el amor de una mujer, de caracteres dispares. y torcidos por Jennifer Jones, aunque ella pondrá bastante de su parte para que se enfrenten. Su ausencia de inteligencia emocional actúa como motor de la trama. Quiero destacar la interpretación de Peck, tan lejos de MATAR A UN RUISEÑOR, VACACIONES EN ROMA o HORIZONTES DE GRANDEZA, la colorista fotografía, la secuencia de la caballería y el célebre final...Un plano largo donde la pasión, el amor y la fuerza hacen un último intento por justificar todo lo que el film nos ha ofrecido desde su comienzo. He disfrutado mucho leyendo todo tipo de críticas.... Me divirtieron casi tanto como me gustó la película. ¡Importa que Jennifer Jones y la sensualidad que Vidor le saca a su imagen es casi irrepetible en el cine! Cinéfilos, el cine no es sólo perfección: también está lo caricaturesco; es decir, está hecho también de la vida misma, que no suele ser muy "prolija". Y eso es lo que hace grande esta película. La escena final es INOLVIDABLE, sencillamente. La recuerdo desde mis años de adolescente y fue un impacto visual tan sensorial que podría decir que fue mi primera aproximación al aprendizaje de lo erótico, del amor carnal que supera cualquier otro sentimiento; o, más bien, se unen y explotan las pasiones humanas. No hay amor sin pasión; no hay compromiso sin pasión; no hay militancia política y social sin pasión... Y esto es lo que la hace grande. Joseph Cotten y Gregory Peck no pudieron estar mejor. Si todavía no perdieron la juventud. me refiero a la real, la del espíritu, no pueden decirme que no han añorado morir como los protagonistas. ¿Acaso nunca sintieron que el odio y el amor eran un mismo sentimiento? Bueno, lo lamento por ustedes. Ojalá lleguen a vivirlo... ¡No se lo pierdan! Así es el amor: así de absurdo, así de ridículo, pero enormemente hermoso.. Hacía tiempo que quería volver a visionar el film, mayormente atraído por el espectacular reparto. No encontré en él la sencillez y el lirismo de J. Ford o de H. Hawks, sin embargo sí pude ver un film apasionado y de tonos épicos con un hilo principal amoroso pero que tiene como trasfondo la eterna lucha por la propiedad de los territorios occidentales de una nación cuya frontera aún parecía no vislumbrarse en el horizonte. La inmensa interpretación de Lionel Barrymore, cuyo personaje se alza sobre los demás y se impone como mejor baza del filme, representa a ese colono que llegó del este atravesando un dificultoso y largo camino, el cual, una vez alcanzada la meta, no está dispuesto a abandonar por ningún precio su valiosa posesión que antes de iniciar el viaje formó parte de la Tierra Prometida. Ese descomunal esfuerzo despierta en él un sentimiento de agresividad: por la defensa de su propiedad rural.

 

Joseph Cotten:

-" ¿Dispararías contra hombres desarmados?-.

 

Lionel Barrymore:

-" ¡Como a culebras, si se les ocurre atravesar los límites de mis tierras!"-

 

Pero la violación de esa alambrada por parte de la llegada del ferrocarril, hace estallar un conflicto civil que sólo podrá ser resuelto mediante la violencia.

 

Vidor logra narrar de forma ligera y transparente una historia en la que los personajes están impecablemente perfilados, amén de lo atípico que resulta algunas ocasiones. La estupenda música de Dimitri Tiomkin y la espectacular fotografía de inspiradísimos planos, acompañadas de buenas actuaciones, hacen de éste un gran western. No es sólo por los que siente la protagonista hacia el personaje de Gregory Peck, sino por los que yo mismo sentí al ver la película. Es innegable la belleza de los paisajes, de esa fotografía en color tan peculiar, como los tonos rojizos del atardecer y de que es una película con cierta fuerza dramática y momentos de acción que consiguen hacer entretener...y da la sensación de intentar repetir lo que supuso "Lo que el viento se llevó" ...No se puede negar su condición de clásico para lo olvidar, y el paso del tiempo ha sido mas que benévolo con el film. He aquí una película porno sin genitales. Ah, fue un soplo de aire fresco, una brisa, después de otra sesión con la minoría incorregible de Howard Hawks. El cine lo puedes hacer bien, mal o regular, pero hay que hacerlo...."" hay que hacerlo "". Nunca he visto la sexualidad hecha arte como la vi aquí. ¿Actuaciones malas? Es la contundencia de la vulgaridad, la fuerza de las bajas pasiones. La película gira en torno a la pasión desenfrenada de dos seres que renuncian a su cerebro. Debe ser, pues, una vorágine incontenible del rojo y el sudor. Eso sí, mal que el productor se metiese en el trabajo de... por esta vez lo dejamos. O. Selznick se echó novia y quiso celebrarlo.... Y con una mujer como Jennifer Jones, yo brindo por él.

King Vidor había concebido está película como una especie de “Sólo ante el peligro” en su intensidad y en su sobria puesta en escena. Pero, el productor David O. Selznick, quería otro filme como “Lo que el viento se llevó”, con el cual pudiera complacer plenamente a su amada Jennifer Jones, la actriz que ya había puesto en la más terrible crisis al actor Robert Walker, cuando decidió separarse de él. Y fue él, quien añadió la majestuosidad al filme, incluyó la escena de apertura, llamó a otros directores para que realizaran secuencias adicionales y contrató a tres de los mejores cinematografistas de Hollywood para que rodaran simultáneamente algunas escenas. Selznick estaba obsesionado. Aumentaba el personal de reparto, las segundas unidades… todo lo bueno que encontraba lo ponía en la película. No economizaba en nada. Durante el rodaje, otros directores hicieron su parte: Otto Brower, William Cameron Menzies, Sidney Franklin. Estos dos últimos actuaban en pareja cuando se trataba de escenas que involucraban a los protagonistas. Franklin era bueno con los animales y Menzies se defendía muy bien en la acción. Dos días antes de finalizar el rodaje, Vidor se agotó ante el método irrespetuoso de Selznick, y renunció. William Dieterle fue llamado entonces y además de escribir para él algunas escenas adicionales como la apertura en el Salón Presidio, Selznick lo puso a rodar algunas escenas que Vidor había filmado. Y hasta Joseph von Sternberg, el gran director austríaco, fue contratado, finalmente, para que añadiera cualquier cosa que se le ocurriera. Al final, el crédito como director se le dió a Vidor quizás por aprovechar su renombre, pero la película debió atribuírsele al prepotente productor, quien metió las narices en todo lo que pudo. Lo curioso es que de todo este manoseo, "DUELO AL SOL" resultó una buena película. Una tragedia pasional, con algo de Shakespeare y de su Rey Lear, que cuenta la historia del amor imposible entre el hijo de un gamonal, y una joven y sensual mestiza, que llega a vivir a su hacienda tras la muerte de su padre. Lewt es un hombre detallista, interesante, impredecible… y aferrado a su libertad por encima de cualquier deseo. Perla, una sugestiva Jennifer Jones es una joven provocadora e indecisa, quien se aferra a Lewt cuando lo siente despectivo ante el matrimonio. En el medio, está Jesse, el hermano galante y enamorado también de Perla, pero quien choca con la mentalidad prepotente de su padre, y termina expulsado del hogar cuando se pone en su contra.

 

Existen películas que sólo se recuerdan por una secuencia o un momento determinado, Duelo al sol es una de ellas. ¿Quién no recuerda ese beso entre Gregory Peck y Jennifer Jones? Quizá no sea la mejor  película, incluso tal vez exista demasiada pasión en un melodrama intenso, pero tiene ese algo intangible que la convierte en historia del cine. Duelo al sol, dirigida más bien por David O. Selznick, en 1946 es en apariencia un western, pero en realidad se trata de un melodrama irracional y cercano al paroxismo. Lo tiene todo: una protagonista huérfana, un padrastro malvado, dos hermanos enfrentados y un amor imposible. Esta historia de Abel y Caín desarrollada en el salvaje oeste y con una mujer por en medio, nos ofrece una nueva faceta interpretativa de Gregory Peck. Por extraño que parezca, y posiblemente por primera vez en su vida, Peck hace de malo, él es Caín y Cotten Abel. Lo cierto es que cuesta verle en ese papel, ya que es difícil quitarnos de la cabeza su papel en MATAR UN RUISEÑOR, como Atticus Finch. Además de Peck y Jones, nominada al Oscar por su papel, en este film destaca la interpretación de Lillian Gish, quien tras una exitosa carrera en el cine mudo, con esta película regresaba a lo más alto siendo nominada como mejor actriz secundaria al Oscar. Su maestría es evidente, su actuación digna de recordar. A actrices como ella, los cinéfilos, le debemos lo importante que es el cine en nuestra vida. Duelo al sol no es sólo tragedia. La película también contiene momentos estelares como las numerosas apariciones de Jennifer Jones poniendo de manifiesto toda su belleza, la doma del caballo por parte de Gregory Peck o la despedida de Lillian Gish.

Hay películas que se hacen por encargo… pero esta se hizo por amor. David O. Selznick produjo este épico western para lucimiento de Jennifer Jones. Así, podemos disfrutar de una apasionada historia de romances y rivalidades familiares con legendarios personajes.

 

 En definitiva:

 !!! Una gran película.!!!

 

 

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